Queridos amigos, lectores y críticos:
Dije, y lo cumplo, que la siguiente entrada del blog sería mucho más personal. Por suerte o por desgracia habrá mucho tiempo para hablar de cosas mucho menos serias como son la política o la economía.
Aun así, no me resisto a aportar mi granito de arena en relación con el horrible drama de las familias que están en la calle al no poder pagar su préstamo hipotecario. Y, lo que es peor, que siguen endeudados tras ello por la caída del precio de su vivienda, cuyo valor es inferior a la financiación recibida en su momento. Es un drama. No hay justificación que valga. Pero lo que hay que hacer es reformar la ley, pues de lo contrario está en juego la seguridad jurídica si cada juez atiende a su propio criterio. Aquí va mi opinión, que he podido defender en algún foro jurídico.
De forma muy simple, lo que la dación en pago permite es que la deuda desaparezca con la entrega de la vivienda, sea cual sea la deuda, y con independencia del valor actual del inmueble. Esta no es la norma en nuestro derecho, donde una persona responde de sus deudas con todos sus bienes presentes y futuros. Aunque el préstamo se destina a la compra de una vivienda, el prestatario (el consumidor) responde del préstamo no sólo con la vivienda, sino con todos sus bienes presentes y futuros. (Sigo poniendo acento en "sólo", pues discrepo totalmente de la última reforma de la RAE, que poco a poco va eliminando la riqueza de la lengua española). Se dice, no sin razón, que si el banco dio dinero para comprar la vivienda, no habría que pagar más que el precio actual de la propia vivienda. Es decir, habría de bastar con renunciar a la vivienda para dar por pagada la deuda.
Además de que con ello se ayudaría a las familias, hay una razón que quizás no se está oyendo todo lo que se debería, pues queda restringida a foros técnicos. Con la dación en pago se equilibran los riesgos del contrato. El banco se ve obligado a ser mucho más diligente. Ahora mismo, la pérdida por no cobrar del banco no es comparable con el drama social de la familia desahuciada. El consumidor es la única parte del contrato que asume el riesgo de la caída del precio de la vivienda. Dicho de otro modo, el banco tiene un "seguro" en la responsabilidad patrimonial universal del deudor que le lleva a rebajar su grado de diligencia en la concesión del crédito. Es lo que los economistas llaman riesgo moral. Por tanto, la dación en pago llevaría a unas entidades de crédito más diligentes, ya que asumirían el riesgo de la caída del precio de la vivienda para cuya adquisición prestan dinero. De un disparo ayudaríamos a las familias endeudadas y obligaríamos a las entidades de crédito a ser más diligentes y, de lo contrario, a asumir las consecuencias.
El talón de Aquiles de esta medida no me convence. Se dice que el precio de la financiación es más barato porque el banco cuenta con la responsabilidad patrimonial del deudor. No me parece un argumento serio. Los bancos españoles jamás han conocido otro sistema, por lo que jamás han prestado más barato que con el sistema actual. Tampoco creo que los bancos españoles presten más barato que otros extranjeros en el país en cuestión. Creo además que es evidente que las condiciones para acceder a un préstamo hipotecario ahora son duras, por no decir imposibles, con o sin responsabilidad patrimonial universal. Por tanto, no "compro" el argumento del diferencial, de la "prima de riesgo" por la ausencia de responsabilidad patrimonial universal. Y aunque así fuera, que como consecuencia de la dación en pago se encareciera el préstamo hipotecario, tampoco parece que fuera a ir mal que se dinamizase el mercado del alquiler. Repito, el drama social es injustificable. Pero en épocas de euforia, se ha juntado el hambre (la euforia del que se endeudaba más de la cuenta, no sólo para la vivienda), con las ganas de comer (el banco poco diligente que no asumía el riesgo de la caída del precio de la vivienda). Prefiero pagar un poco más de interés y saber que dando mi vivienda en pago el banco no podrá venir a por nada más. Pero, como siempre, abro el debate, faltaría más.
Pasando ya al plano personal, he vuelto a sentir vértigo al coger el avión. Es típico oír (y de hecho de ahí viene el título de este blog) que la distancia hace madurar a las personas. En mi caso me ha hecho descubrir que yo puedo ser mi principal enemigo. Como dice mi buen amigo Guillén, aquí estoy teniendo auténticos "orgasmos intelectuales". Sin embargo, y ya lo dije nada más llegar en la primera entrada del blog, tengo clarísimo que mi felicidad está en España. Y a medio o largo plazo concretamente en Zaragoza. Me preocupa dejarme llevar por la vorágine de la ambición profesional. Lamento no haber podido ver o no haber hablado lo suficiente con toda la gente que me hubiera gustado en Navidades. Me sabe fatal perderme la boda de Meris y Chicho. Y un sinfín de cosas más.
Sin duda, voy a tratar de maximizar mi tiempo aquí o en otro lugar antes de volver. Voy a sacar el máximo partido de una experiencia que está resultando apasionante desde un punto de vista profesional y académico. También lo está siendo desde un punto de vista personal, desde luego. Me apasiona la abogacía y el mundo académico. Pero, al margen de la experiencia temporal en USA, UK o cualquier otro lugar reconocido, sé que lo que me gusta está mucho más en España que en USA. Tengo más claro que nunca que quiero y, sobretodo, que sabré parar. Siempre trabajaré mucho. Pero lo haré cerca de vosotros, pues hay "medallas" que no compensan ver pasar el día a día de las personas que te importan.
Dicho y hecho, entrada personal. Volveré a la carga con temas menos serios.
Un abrazo,
Carlos