miércoles, 17 de octubre de 2012

Democracia, legitimidad política y educación. A propósito de las elecciones estadounidenses: hacia la dictadura del populismo.

Queridos amigos, lectores y críticos,

En esta ocasión, entrada del mes de octubre, comienzo con la cita, de nuevo de Toqueville, sociólogo del S. XIX (sí, aún sigo con el mismo libro, pensaba que tendría más tiempo para leer por las noches -aunque a veces pienso que no quiero finiquitarlo-): "(l)os legisladores americanos juzgaron que era preciso que, además del pueblo, hubiera un cierto número de poderes que, sin ser completamente independientes de él, gozasen, dentro de su esfera, de un grado de libertad bastante amplio, de tal suerte que, obligados a someterse a la dirección permanente de la mayoría, pudieran sin embargo luchar contra sus caprichos y negarse a sus peligrosas exigencias [...]. Pero al introducir el principio de la reelección, destruyeron en parte su obra. Han concedido al presidente un gran poder, pero le han quitado el deseo de hacer uso de él. Si el presidente no fuera reelegible, no por eso sería independiente del pueblo, ya que seguiría siendo responsable ante él, pero el favor de los ciudadanos no le sería tan necesario como para plegarse en todo a sus deseos. Siendo reelegible (y esto es verdad, sobre todo en nuestros días, en que la moral política se relaja y los grandes caracteres desaparecen), el presidente de los Estados Unidos sólo es un instrumento dócil en manos de la mayoría. Ama lo que ésta ama, odia lo que ella odia, se anticipa a su voluntad, previene sus quejas, se doblega a sus menores deseos: los legisladores pretendieron que él la guiara, y él es quien la sigue. Así, para no privar al Estado del talento de un hombre, han hecho casi inútil este talento, y para poder contar con un recurso en circunstancias extraordinarias, han expuesto al país a un peligro constante". 

Lo siento; aunque me gustaría, no puedo decir que las elecciones a la presidencia estadounidense estén resultando apasionantes. Son espectaculares, atractivas, emocionantes, pero sobre todo decepcionantes. Sin duda, es una maravilla la profesionalización de la puesta en escena, la elocuencia (tanto verbal como corporal) y, en general, todo el trabajo que hay antes de cada debate o intervención. Tienen, como digo, un alto contenido emotivo que hace que merezca la pena escuchar. Pese a que quiero y añoro mi patria, no puedo evitar emocionarme con ciertas manifestaciones: "(c)onciudadanos, no nos olvidemos que somos todos americanos y que estamos pasando un momento complicado. Saldremos todos juntos, el interés que perseguimos ambos candidatos es el de todos, el de nuestra patria, de eso no cabe duda; pero hoy estoy aquí para convenceros de los  motivos por los que debéis votarme a mí". Hasta ahí. A continuación llega un debate con argumentos tan pobres -eso sí, mejor expuestos-, como los que estoy tan acostumbrado a oír en castellano: ataques personales y desautorización de las afirmaciones contrarias. 

Desde luego, uno no espera, ni tampoco se creería, que un candidato acudiera con la fórmula mágica. Pero es deplorable, especialmente a estas alturas de la campaña, la parquedad y pobreza intelectual de las intervenciones. Tampoco es tan barata como parece una bicicleta de 57 dólares comprada en Walmart. Esta tarde un pedal ha decidido soltarse graciosamente. Curiosamente es de difícil arreglo. Pero hemos aprendido a pedalear con un pedal, valga la redundancia. Paradójicamente, se cansa más la pierna que no pedalea. Pero no por eso pienso que vaya a ganar Romney. 

La democracia es sinónimo de evaluación y escrutinio de la mayoría sobre todas aquellas instituciones cuyo sostenimiento está basado en la legitimidad política. En el caso estadounidense, que no coincide con el español, el pueblo elige al presidente del gobierno. Además se trata de una democracia global, no sólo parlamentarios, sino también jueces y fiscales son elegidos democráticamente. Se trata de que los poderes, todos, no sólo el legislativo, coincida con la voluntad del pueblo en cada momento. Los orígenes del sistema luchaban tanto contra las clases como contra la burocracia. La razón de ser de ello es el temor de Jefferson, primer demócrata tras Washington y Johnson, de que los jueces conservadores  con cargo vitalicio, fueran a hacer inútil la voluntad ciudadana actual. No son pocos los inconvenientes del sistema, puesto que a la legitimidad política, el sometimiento a la voluntad de la mayoría de todos los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), se une, de forma transparente eso sí, la financiación, que otorga el poder de facto a los grupos de interés, a mi modo de ver pervirtiendo el sistema. 

Por poner un ejemplo, los jueces españoles ostentan un cargo vitalicio, lo que es consecuente con la preservación de su independencia frente a la injerencia del resto de poderes. Sin embargo, y nada tiene que ver con esto el que sus sentencia puedan ser revocadas, nadie evalúa la labor de los jueces. Podrán tener mayor o menor legitimidad social (el reconocimiento social a su labor), pero no ostentan legitimidad democrática. ¿Es esto coherente con la idea de un sistema democrático? Mi opinión, basada en la experiencia española, que difiera de otras sociedades, como la japonesa y la estadounidense, es que sí. Los jueces, por mucho que apliquen la ley de forma absolutamente independiente, están vinculados por ella. Hasta el punto que el delito de prevaricación judicial, lamentablemente de moda en nuestros días por el caso Garzón, sanciona decisiones que, con conocimiento de causa, son manifiestamente contrarias a la ley, (sic) injustas. Cuestión distinta es que en general no se pueda revocar la opinión del Tribunal Constitucional, alguien tenía que tener la última palabra. Someter a votación popular la labor de los jueces en cuanto al contenido de las sentencias puede socavar su independencia. Otra cosa es que pudieran ser incentivados, estableciendo que parte de su remuneración (sea la que sea, ahí no entro), esté vinculada con la eficiencia; es decir, el número de sentencias, no su contenido. Además, -y sí, con eso llego por fin a las elecciones políticas- ¿están capacitados los ciudadanos (yo el primero) para decidir qué jueces son los más apropiados para llevar a cabo su labor? Quiero recordar que derecho no es sinónimo de justicia, el juez está vinculado por la ley en nuestro sistema. Si la ley es injusta, lo que hay que hacer es cambiar la ley, no destituir al juez, que está vinculado por la ley, sea la que sea, le guste o no. 

Por tanto, podría llegarse a la conclusión de que los jueces carecen de legitimidad política por dos razones. La primera y fundamental, la preservación de su independencia. La segunda, y ésta es la que me preocupa, los ciudadanos carecen de la formación legal necesaria (no en vano la promoción judicial es orgánica) para determinar qué jueces son los adecuados en cada momento. 

Dicho de otro modo, sin educación no puede haber legitimidad política. Evidentemente, este argumento no es mío ni mucho menos es novedoso. Se trata de la gran lucha de la izquierda del S. XIX frente al argumento, que justificaba el sufragio censitario, de que había que sobreponderar "el gobierno de los mejores por encima del gobierno de la mayoría" (Cánovas del Castillo). Mi opinión, sobre la base de la sociedad actual, y que por supuesto someto encantado a vuestra mejor consideración, es que este hecho, junto con la profesionalización de la política tan bien descrita por Toqueville (el objetivo son los votos futuros), es que caminamos hacia la dictadura de la demagogia. La falta de formación ciudadana y la sociedad de la información en la que vivimos son un caldo de cultivo adecuado para su desarrollo. Los debates políticos no están dirigidos a los fieles ni mucho menos a los intelectuales. Se dirigen a la parte de la población que inclina la balanza en unas elecciones. Al igual que Apple con el Ipad, los políticos crean necesidades que, muy probablemente, los ciudadanos no sabían que necesitaban. En otras palabras, en lugar de atender necesidades actuales, pero muy costosas políticamente, se acude a opciones menos urgentes, que sin embargo gozan de mayor rentabilidad política.

Hay un ejemplo muy claro en el momento actual que me irrita tanto que prefiero no mencionar. Mejor dicho, lo voy a hacer, pero, como siempre, desde el punto de vista estrictamente técnico, puesto que en este blog, como casi siempre, me niego a hacer manifestaciones políticas. Me sorprende que éste sea el contexto idóneo para reabrir el debate de la independencia de algunas comunidades autónomas. La cuestión de la solidaridad fiscal se puede apreciar más en tiempos de bonanza que de crisis. Y no tengo muy claro que el modelo de estos eventuales futuros estados no replicara el modelo español, estableciendo la solidaridad entre las distintas provincias actuales (futuras comunidades autónomas). Paradojas de la vida. En fin, desde un punto de vista legal, es interesante reseñar que ninguna comunidad autónoma reúne los requisitos establecidos por el principio de autodeterminación. A nivel estatal, pero uno ya no sabe qué esperar a cambio de votos, el referendum carece de efecto legal para el propósito perseguido. Una lectura, que lo explica mucho mejor que yo, y que sin duda recomiendo, es la siguiente: http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20120920/54350587199/francesc-de-carreras-un-referendum.html 

Las reflexiones anteriores se las debo en gran medida a quince personas con las que tengo el honor de lavarme el cerebro cada martes por la tarde, trece alumnos y dos profesores. Uno de ellos nos obligó a matricularnos en una asignatura que me ha hecho comprender por qué estoy ahora mismo en Stanford. Poco o nada tiene que ver con el contenido de mi tesis doctoral. Pero me ha hecho comprender la razón de hacer un máster en leyes en EE.UU. La asignatura se llama: "Law in many societies".

Os echo mucho a faltar. Un abrazo, 

Carlos

10 comentarios:

  1. Carlos,

    me vuelvo a quitar el sobrero ante la entrada del Blog que acabo de leer. Tiene que ser muy apasionante vivir las elecciones Yankis, una cultura tan distinta a la nuestra!! y quien mejor que tu, para entrelazar lo bueno y lo malo de ellos (y nosotros), por lo que esperemos que en un futuro nuestro pais pueda estar gestionado realmente por la gente a traves de personas de tu perfil, quienes han sido preparados en un mundo global en el que analizar y mamar lo bueno que te puede ofrecer otra vision.

    Aprovecha Zaba!!
    y te esperamos en Zaraguaza en el Bonanza, como siempre!!

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    1. Gracias, Dani. Me emociona mucho pensar en noches zaragozanas en el Bonanza, como tu despedida antes de irte a Atenas... Un abrazo

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  2. Un post de gran nivel, Zaba. Felicidades.
    La educación no resuelve ningún mal del presente pero sí todos los del futuro. Como es una cosa q da resultados en mucho mas de 4 años, ningun politico está seriamt interesado en esa inversión.
    Y en cuanto a las autonomías que quieren ser más que eso (autonomías), la culpa está en la famosa casta política, en la q unos señores viven bien y se pasean en sus coches oficiales mientras dicen representar (nadie sabe quién les ha dado el título) naciones, pueblos, razas o vaya-Ud-a-saber-qué. Lo curioso es q estos señores se dividen en grupúsculos, cada uno de los cuales dicen ser los legitimos representantes de la tribu. Todo una zafia impostura del nacionalismo antropologico, q en su huida hacia adelante, sólo busca los votos de un pueblo pobremt educado. Y mientras, a vivir bien y a vociferar contra los supuestos enemigos exteriores.
    Así nos va.

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    1. Fer, muchas gracias por tu comentario. No puedo estar más de acuerdo con tu matización. Un abrazo.

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  3. Cuando creamos el club de fans de Zaba?

    Bueno chio, creo que en EE.UU también vas a poder vivir de primera mano como las elecciones van focalizadas a conseguir el voto independientemente de los problemas más urgentes de la nación. Obama fue el primero que "vendio" una seguridad social, que posteriormente cayó en saco roto, al igual que verás cuando vayan a barrios latinos a vender, a barrios ultraconservadores a vender, a barrios de negros, chinos...

    Y eso es así. Tienes que ganar unas elecciones y para ello debes darle al pueblo lo que pide. Por lo que, quién tiene la culpa? ellos o nosotros? seguro que a la mayoría le interesa más si van a quitar la ley del tabaco, que cómo se va a orientar el sistema educativo los próximos 4 años.

    Mucha culpa de esto es de los medios. Me imagino que nuestros amigos periolistos me daran la razon. Oimos y conocemos lo que nos dan de mamar la tv, prensa y radio y nos manipulan a su antojo manejando los tiempos de a información. Se informa de lo que les interesa cuando les interesa, pero que poco oimos hablar a día de hoy de la primavera arabe, eso todavía no ha terminado y es una revolución democrática nunca vista en el norte de africa...

    Quiero decir que en España y el mundo suceden muchos acontecimientos de los que tenemos poco conocimiento porque no interesan o no se les puede dar un seguimiento en el tiempo porque ya no son “temas del momento” por ese motivo esta “manipulación” condiciona los intereses de la población.

    Suerte de internet y la posibilidad de seguir la realidad de las noticias, bien vía twitter u otros diarios internacionales.
    Por ese motivo zaba los políticos son conocedores de que nos gusta “ que nos vendan mierda” para luego darnosla de comer.

    En resumen, te echo de menos Zaba. Cuando vas a Sillicon Valley a reunirte con el bueno de Mark Z

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    1. Benedí, enorme. Muchas gracias por el comentario.

      Estoy totalmente de acuerdo contigo, el papel de los medios en la dictadura del populismo es clave. ¡Ya era hora de que sacara alguien a colación este tema! A ver si contestan los aludidos...

      Ahora bien, en mi opinión hay que distinguir entre medios de comunicación públicos y privados. Los segundos, al igual que cualquier otra empresa, se gestionan para maximizar los beneficios de sus accionistas. Por tanto, no cabría esperar ningún comportamiento más ético de estos medios que el de cualquier otra empresa. Es decir, seguirá habiendo telebasura si la vemos. Y, al paso que vamos, los deportes de 4 acabarán durando dos horas, robándole toda la audiencia a la 1 y a la 3. Nada de esto resulta de aplicación a los medios de comunicación públicos, evidentemente. Ahí sí que se requeriría una objetividad impropia de una empresa gestionada por la administración.

      En cualquier caso, estoy totalmente contigo. La sociedad de la información en la que vivimos es un caldo de cultivo perfecto para la génesis de la dictadura del populismo,

      Yo también te echo mucho de menos. Mil gracias por el comentario. Un abrazo y un beso a Lara.

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  4. Me voy a dormir después de volver de viaje de Logroño. Mi respuesta va a ser muy corta, demasiado tajante, de la que me puedo arrepentir y de la que me pueden caer hostias. Espero esta semana contestar a tu entrada como se merece, Zaba:

    1: Sálvame es el de los programas más vistos en la televisión. ¿Qué audiencia tienen espacios estilo "Informe Semanal"?

    2: Si la empresa informativa prima el beneficio por encima de la información (o sea, lo que está pasando actualmente); entonces el periodismo ha muerto:

    Leed esta entrevista a Rosa María Calaf. Trata este segundo tema muy bien.

    http://www.jotdown.es/2012/08/rosa-maria-calaf-en-la-television-prima-la-apariencia-sobre-el-talento-el-espectaculo-sobre-la-informacion/

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  5. En mi opinión, no se puede pedir a los medios de comunicación de masas que se sigan un camino diferente al marcado por la sociedad de la que forman parte.

    Lo primero, porque como dice la etiqueta, son de ‘masas’. Y dar por supuesto que la masa es coherente, culta, comprometida y que siente inquietud por lo que ocurre más allá de su entorno es mucho suponer.

    Es una cuestión de fondo en la que los hábitos y la cultura social juegan un papel importante. La raíz del problema, a mi modo de ver, radica en el modo de vida de los ciudadanos, que piden todo rápido y en la mano. Eso sí, que sean otros los que saquen las castañas del fuego.

    Alguien dijo que el pueblo español es muy aficionado a los monólogos. Nos gusta hablar, pero no escuchamos. De hecho, si lo hacemos es para echar inmediatamente por tierra los argumentos del ‘oponente’.Es decir, que el espíritu crítico lo aplicamos a todo lo que se mueve, menos a nosotros mismos.

    Juntamos a una población con la conciencia social amuermada, con tendencia a creer que ya vendrá otro a solucionar el entuerto, con un frenético ritmo de vida marcado por objetivos a corto plazo y la colocamos en el escenario socio-político-económico actual. Añadimos otras variables como una educación deficiente, un porvenir incierto, o, ¡que carajo!, la soledad y monotonía del día a día que sufren muchas personas. Sumamos ahora nacionalismos, patriotismos y todos los ‘ismos’ mal entendidos (o bien adoctrinados). Por último, entran en juego los gustos, las modas, las relaciones personales y las vicisitudes de cada uno. Esta todo, ¿no? Pues aquí llega la gran pregunta.

    Abrís un periódico y el titular de la izquierda dice ‘El Ibex duda por debajo del 8,000 pese al veto de los bajistas’. A la derecha, podéis leer ‘Una foto de Bar Refaeli provoca la ira de la pareja de Cesc’. ¿Hace falta preguntar qué noticia interesa más a la masa?

    Pues esto, aunque abra las carnes de algunos, no es ni malo ni bueno por sí solo.

    Pero, volvamos atrás un momento. Pongámonos en un supuesto utópico. Un filántropo, un mecenas o un simple romántico forrado de pasta hasta las trancas decide fundar un periódico por la mera satisfacción de ofrecer un servicio a la sociedad. Pone de su bolsillo el equivalente a los ingresos por publicidad que garantizan la supervivencia del medio, asegurando así la total independencia de los contenidos, el pago a la plantilla y un precio de venta al número competitivo. Como es un tipo listo, y lo que quiere es ofrecer un producto de calidad, se hace a un lado y pone al mando de la nave a un profesional de la información (ojo con esto, que lo raro es que sea así), rodeado del mejor equipo posible. Los periodistas disponen de tiempo para trabajar los temas, se promueve el periodismo de investigación y precisión, se establece una agenda en función del interés social y se apuesta por la pluralidad ideológica de los colaboradores. En resumen: se consigue un periódico acojonante.

    Y ahora vuelvo a preguntar, teniendo en cuenta las consideraciones sociales del principio: ¿de verdad alguien piensa que este diario sería el más leído en España?

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  6. Cada medio tiene sus propios objetivos, su línea editorial y su plan económico. Está claro que La 2 no persigue los mismos fines que Telecinco (ni puede se le puede exigir que los tenga, porque no tiene sentido). Del mismo modo, la audiencia deja bastante claro que es lo que más consume. Hay un escenario y unas reglas (que no son fijas, además). Hay condicionantes de muchos tipos. A partir de ahí, no existe lo blanco o lo negro. Solo una escala de grises a la que ajustarse.

    ¿Quieres ver programas didácticos y de calado en la televisión? Los hay. Pocos existen, y pocos los ven. ¿Quieres mierda embolsada? La tienes a borbotones, y muchos están encantados. ¿Quieres leer un periódico afín a tu ideología? En mayor o menor medida seguro que encuentras uno que se ajusta a ella. ¿Quieres un periódico nacional aséptico? No lo busques, porque eres el primero en pedirlo en este país.

    Ahora bien, ¿quieres un medio totalmente independiente de cualquier poder político, lobby o empresa (bien anunciantes, bien los propios grupos comunicativos)? Pues baja a la tierra. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible (mi frase favorita). El sistema es imperfecto. Como lo es el hombre. Fusiones, conglomerados, autocensura, líneas editoriales, presiones exteriores… Eso no quita ni un ápice de la importancia que el periodismo tiene en una sociedad democrática. Lo que sucede es que no todo lo que se vende como periodismo es periodismo ni todo el que trabaja en un medio ejerce como periodista. Y, desde luego, internet tiene muchas cosas buenas. Pero está lejos de ser la panacea. Sobreinformación, el mal llamado periodismo ciudadano, el anonimato…

    Sí existe y sí creo en el trabajo bien hecho. No es necesario irte a las antípodas a jugarte el tipo para ser un buen profesional. Pero tienes que tener la suerte de dar con un trabajo en el que se respalde lo mismo. No es diferente a cualquier profesión.

    En cuanto al poder que tienen los medios y la influencia que ejercen en la sociedad… Pues está claro que sí, es así. Pero tampoco hay que engañarse. Para ejercer esa influencia deben ser consumidos por el público. El País influirá a sus lectores, pero no a los de El Mundo. Ni tampoco al que no haya cogido un periódico en su vida. Magia no hay. Y del mismo modo, el poder se basa en la credibilidad. Eso es algo que cuesta un mundo levantar y un paso en falso basta para echarlo todo por tierra.

    Me canso de escribir y no he dicho nada concreto. Solo pinceladas que no llegan ni a esbozo de algo… Muchas cosas en le tintero. Si me veo con fuerzas, seguiré.

    Un abrazo muy fuerte Zaba. I miss you!

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  7. Pep, discrepo contigo en tres cosas:

    La primera. No digas que no has dicho nada en concreto porque has explicado muy bien cosas importantísimas.

    Coincido contigo en prácticamente todo. Ahora bien, no estoy de acuerdo en otras dos cuestiones que están relacionadas entre sí:

    Una. Los medios sí que deberían marcar un camino, de hecho, hay que exigirles que marquen una serie de pautas a la sociedad. Tienen la triple función de informar, entretener y EDUCAR (la gran olvidada por las empresas informativas de hoy en día.

    La segunda. Me apoyo en la entrevista a Rosa María Calaf y no voy a hablar de ideologías ni de líneas editoriales, porque eso existe desde que nació este "negocio". Es cierto que toda empresa informativa tiene su plan económico. El problema surge cuando un medio de comunicación antepone "la pela" a la calidad (ya no hablo de calidad informativa, sino también de entretenimiento y educativa).

    Me parece perfecto que una cadena nazca con vocación de entretener. Cojonudo. Pero entretener no significa rebajar el ser humano hasta límites más que preocupantes. Le doy la vuelta a la tortilla en un mundo utópico: si todos los medios se comprometiesen a respetar unos límites de calidad, la sociedad se ceñiría a esos contenidos, mejorando su capacidad crítica y reflexiva.

    En definitiva, y volviendo ya a nuestro mundo, dices que no todo es blanco y negro; pero yo creo que Telecinco (por poner un ejemplo) apuesta por un modelo negro, negro. 0% educación; 5% información; y 95% entretenimiento del obsceno.

    Zaba, sigue pendiente mi respuesta a lo de las elecciones USA!

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